Novela

Un paseo por la historia contemporánea del Uruguay y del mundo revelado a través de los protagonistas y de su pasado. ¿Qué actores inciden en los vínculos del poder y del romance? Erotismo, mafias, romance, LA SAGA QUE INTERPELA A 50 SOMBRAS DE GREY.

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viernes, 6 de junio de 2014

CXLIII

-¿Y qué le respondiste a Estela? – preguntó Alvaro.

-Como dijo que era urgente le dije que la esperaba en casa, Gustavo por supuesto estaba de viaje. Pero ella se puso horrible y me dijo que ni loca, que a casa no venía. Yo empecé a asustarme. Me vino a la mente el día que Gustavo me vendó para mostrarme nuestra nueva casa. De pronto me di cuenta de que algo no encajaba. ¿Cómo un recién casado que te compra una casa que es un despelote es tan violento? Y Estela, que se negaba rotundamente a venir a casa. ¿Por qué se negaba? ¡Tenía miedo! Por eso Estela no quería venir. De pronto caí en la cuenta de lo grande que era nuestra casa, y de que había una soledad que daba miedo no sólo de noche sino de día. Me dijo que ese día no, que mejor nos veríamos  en otro momento, pero que nadie nos podría ver juntas. Cuando se iba haciendo de noche, empecé a tener palpitaciones. A mi mejor amiga ¿te acordás? Te la mencioné hace un rato…

-Sí, claro, la que me dijiste que el padre también había votado amarillo.

- Si, ella. Se llama Orieta Medina. 

-¿Medina? 

-Sobrina del Comandante en Jefe del Ejército a la salida de la dictadura y ministro de Defensa en el primer gobierno de Sanguinetti. 

-¿Qué me decías de Orieta y las palpitaciones?

-Mi padre me había regalado unos títeres y un teatro para que jugara. Jugábamos a que una movía los títeres y la otra miraba “la obra”. A Orieta le encantaba hacer obras de vampiros. Yo no tenía idea de qué era un vampiro y entonces, ella se consustanciaba y se exaltaba y me decía que los vampiros dormían en ataúdes. Cada vez que le llegaba el turno para hacer su obra, recortaba una cruz y ponía una cajita de madera, y de ahí se levantaba el “conde Drácula”. Eso me dejó traumada, cada vez que pasábamos con mi padre por la puerta de algún cementerio, yo veía las tumbas y cuando me acostaba de noche me moría de miedo, creía que el conde Drácula podía estar abajo de mi cama. Eso me quedó. Por eso después de la llamada de Estela a medida que se iba haciendo de noche veía ataúdes y cruces por toda la casa. Antes de acostarme revisé mil veces todas las puertas y ventanas. Me costó montones, pero al final me dormí. Pero tuve una pesadilla. Una pesadilla horrible.

-¿Qué soñaste?

-Oía ruido de pasos. Pasos y más pasos. Entonces me levantaba y temblaba. Los pasos parecía que venían del lugar más lejano de nuestra casa. Entonces yo bajaba la escalera a tientas, sigilosamente, tratando de hacer el menor ruido, al estudio de Gustavo, porque sabía que ahí Gustavo tenía gas paralizante. Yo abría el primer cajón del escritorio y ahí estaba el frasco. Yo lo agarraba y cuando iba a cerrar el cajón encontraba una pequeña fotografía. Era una foto vieja. De hace unos treinta años. Era la foto de una mujer, con pantalones “pata de elefante”, y embarazada. Entonces yo me miraba en el espejo y pensaba que si no fuera porque era una foto de época perfectamente podría ser yo desfilando ropa retro. Oía los pasos cada vez más cerca, entonces yo salía con el frasco de gas del estudio. Trataba desesperadamente de identificar el lugar desde donde venía el ruido, caminaba y caminaba por nuestra casa y de pronto aparecía una mujer tirada en el piso con el cuerpo todo llagado que estaba rodeada de un charco de sangre y tenía los pechos hirviendo. Entonces yo me olvidaba de todo, de los peligros y de los ladrones y le preguntaba qué le habían hecho. La mujer no podía hablar, entonces yo iba a nuestra cocina y le llevaba un vaso de agua. La mujer bebía pequeños sorbos y me decía “Ayúdeme, por favor”…  Yo me daba cuenta de que estaba perdiendo mucha sangre y ella me decía que acababa de parir, entonces yo le preguntaba por el bebé y ella desesperada me gritaba “¡Me lo arrancaron apenas parí!”, yo le preguntaba quiénes,  y ella gritaba desesperada “¡Ellos!” y yo me desesperaba y le preguntaba que quiénes eran “ellos”, entonces ella me pedía que por favor la ocultara, yo le preguntaba cómo se llamaba y ella me respondía que se llamaba Tania Trías, entonces yo le decía que se calmara, que le iba a curar las heridas, entonces ella me decía “Se llama Gabriel, es un varón” y yo trataba de calmarla y le decía que ya íbamos a encontrar al bebé y ella entonces me decía que yo parecía una buena mujer, y entonces empezó a esfumarse… a esfumarse…. y me desperté traspirando.

-¡Qué espanto! – dijo Álvaro – ¡De verdad que fue una pesadilla!

-Sí, fue horrible. La luz del día me encandilaba, no atinaba a ir al baño, temblaba y temblaba… y todavía encima ese día Gustavo volvía… Yo sabía que si me veía en ese estado se iba a poner violento y quería ducharme y vestirme pero no podía, por nada del mundo, estaba como paralizada, y todavía encima Gustavo llegó antes de lo previsto.

-Así que te vio en ese estado…

-Por desgracia; sí. 

-¿Y qué hizo Gustavo?

-Se puso furioso. Entonces traté de defenderme y le conté lo que había soñado. Traté de decirle que la mujer de mi sueño había estado en casa. ¡Para qué! ¡Se puso como loco! Me dijo que qué me creía yo. Que yo lo estaba tomando por un boludo y que yo estaba loca como para haber soñado que una mujer semidesnuda había parido mientras paseaba por nuestra casa. Me amenazó con internarme en un loquero y yo estaba petrificada, porque nunca lo había visto tan sacado, creí que me iba a poner una mano encima. Entonces, se puso a gritar que iba a llamar a mi padre de inmediato, que ya estaba harto.

-Ah, menos mal… 

-Mi padre…

jueves, 5 de junio de 2014

CXLII

-Es lo que te digo, no te hacía una mujer que cede a los deseos de los demás. – reiteró Álvaro.

-No te adelantes. Dejame terminar de hablar. –respondió Patricia.

-Perdón, dale, quiero saber cómo pudiste casarte con alguien que te desvalorizaba como persona, y no es que eso haya saltado luego, por lo que me contás, enseguida mostró la hilacha.  

-Pensándolo desde lejos, creo que yo estaba más feliz por la alegría de mi padre, que por mí. Desde que le dijimos que nos habíamos ennoviado, estaba súper feliz. Ver feliz a mi padre  para mí era tan importante que no dudé cuando Gustavo quiso que dejase mi trabajo.

-¡Pero vos tenías las condiciones! ¿Cómo tu padre no te defendió? Si tu padre te quería tanto, tendría que haberle dicho a Gustavo que vos tenías derecho a seguir con tu vida, ¿no?

-Y, si. Pero no lo hizo. Así que dejé todo. 

-No me cierra que tu padre te mimara tanto y después te hiciera eso…

-Y… hay cosas que uno nunca termina de entender…

-Y sí…

-Mi padre insistía todo el tiempo en que Gustavo era el mejor partido que yo podría conseguir.

-¿Pero a tu padre no le importaba lo que vos sintieras?

-Qué se yo…  pero yo lo veía tan feliz que no me importaba nada…  Gustavo fue mi primer novio. Los padres de él y mi padre nos presentaron. 

-Ahora voy entendiendo por qué te casaste con él.

-Nos casamos en la iglesia Stella Maris y nos organizaron una fiesta preciosa en el Club Naval. Pero cuando Gustavo y yo volvimos de la luna de miel…

-¿Dónde fueron de luna de miel?

-A Playa del Carmen. Te decía, cuando volvimos Gustavo me dijo que me tenía preparada una sorpresa. Me abrió la puerta del auto diciéndome que me iba a llevar a conocer un lugar, pero como era una sorpresa yo no lo podía ver. 

-¿Cómo que no lo podías ver?

-Me puso una venda en los ojos. Yo me reí, pensé que era una broma, y cuando amagué a moverla, me zamarreó. Quedé muy sorprendida, así que no intenté nada más. 

-¿Y qué pasó?

-Arrancó y yo perdí la noción del tiempo hasta que frenó de golpe y entendí que habíamos llegado a destino. Me quedé inmovilizada y él me dijo que qué esperaba para bajar.

-¿Y cómo ibas a bajar si estabas vendada y no veías donde pisabas?

- Eso mismo pensé yo, creí que él me guiaría. Pero no. No lo hizo, así que bajé a tientas. 

-¡Qué hijo de puta!

-La venda me apretaba muchísimo. Cuando pude bajarme me dijo, mejor dicho, me gritó que caminara hacia adelante. 

-¿Algo así como una orden militar?

-Sí, algo así. Todo el entusiasmo se me había ido, y tenía miedo. No entendía por qué, pero lo cierto es que estaba muerta de miedo. 

-Sigo sin entender porqué seguís casada con él.

-Yo caminaba siempre hacia adelante y en un momento choqué con algo que era como de madera. Era una puerta. La puerta de una casa. Entonces me mandó estirar el brazo con la palma hacia arriba. Inmediatamente sentí el contacto con algo frío. Algo de metal. Era una llave. Sentí que me estaba aflojando la venda, y después me la sacó. Entonces pude ver, estaba parada ante la puerta principal de una casa preciosa, y la casa estaba frente al mar en el barrio de Punta Gorda. Entonces el miedo se me fue. Gustavo me dijo que esa era la sorpresa. Que esa sería nuestra casa. Imaginate. No podía creerlo. Vivir frente al mar… Él abrió la puerta y quedé muda. Era como que la casa nos esperaba, todo amueblado, un sillón negro y unas sillas muy modernas, Gustavo me dijo que las había encargado especialmente en Alemania.  La cuestión es que la vista que tenía la casa me encantó de entrada. Y entonces pensé que capaz viviendo en esa casa tan linda las cosas entre nosotros irían a mejorar. Me veía las tardes allí, con una familia, veía a Gustavo jugando en la alfombra con nuestros hijos, todos reíamos… 

-Pero no es lo que pasó, ¿verdad?

-Gustavo volvió al trabajo esa semana. Ya cuando éramos novios siempre vivía de viaje, a veces pasaba hasta dos o tres semanas en el exterior.

-¿Dónde trabaja?

-Es el director del grupo Rambex.

-¡Pero tiene más plata que los ladrones!

-Y sí. 

-Con razón pudo comprar esa casa.

-Pero la plata no hace la felicidad. Yo empecé a sentirme cada vez más sola. Una de las razones por las que tomé la decisión de casarme con él fue que pensé que me iba a sentir menos sola cuando viviéramos juntos y formáramos una familia. Se fue de viaje esa misma semana. Cuando me quedé sola en aquella casa tan grande, empecé a tener mucho miedo. Dormía inquieta, oía ruidos, pensaba que alguien iba a entrar en plena noche, lloraba. Le pedía a Gustavo que por favor no me dejara tanto tiempo sola pero él me decía que cómo se me ocurría quejarme, que qué me creía yo, que si teníamos esa casa era porque él se rompía el alma trabajando. Se enojaba mucho. 

-¿Él te maltrató?

- Sí y no.

-Patricia, es algo muy grave si tu marido es un tipo violento. No debés ni podés permitirlo. Ahora estás a tiempo. Después puede ser muy tarde.

-Gracias por tus palabras, acabás de conocerme y te preocupás por mí  y yo eso lo valoro mucho. 

-Es que no soporto a los tipos violentos. Me saca que un hombre le pegue a una mujer.

-¿Viviste alguna situación en tu infancia? 

-Sí. 

-¿Tu padre?

-No, gracias a Dios no, mi padre no estaba mucho con nosotros pero eso era por su trabajo.

-¿Entonces?

-Un amigo del barrio. Íbamos a tomar la leche a la casa. La madre nos hacía “Vascolet”, y yo siempre la notaba triste. Un día cuando nos llamó a merendar y entramos en la casa, tenía puestos unos lentes de sol. Yo era chico, y me llamó la atención. Nadie usa lentes de sol adentro de la casa. Le pregunté por qué tenía lentes puestos. Me dijo que era porque el oculista le había mandado usar unas gotas para la vista y que mucha luz le hacía mal. Pero mucho más tarde me enteré de la verdad. Era una mujer golpeada. Los lentes de sol los usaba para tapar los moretones violetas.

-Qué horrible.

-Sí. Oíme, ¿él te puso una mano encima?

-No, no era esa violencia. Era la otra. 

-¿Cómo la otra?

-Era violencia psíquica. Como yo lloraba seguido me decía que yo estaba loca y que si seguía así me haría internar. 

-¿No buscaste ayuda psíquica?

-Él jamás lo habría permitido. Dice que los psicólogos y los psiquiatras son para los locos. 

-¡Qué enfermo!

-Y si. Decía que yo lloraba porque me pasaba todo el día sin hacer nada. 

-¡Qué hijo de su madre!

-Me decía que fuera a tomar el té con mis amigas, que me dejara de joder.

-¿Te lo decía con esas palabras?

-Sí.

-¡Ese no es modo de hablarle a una mujer!

- Mis amigas me veían triste. Ahora creo que se daban cuenta de todo pero que no me decían nada porque no me querían asustar.  Pero un día me llamó Estela por teléfono. Estela es una de esas amigas. La noté rara. Le pregunté qué le pasaba. Muy nerviosa me dijo que tenía que hablar urgentemente conmigo. 

miércoles, 4 de junio de 2014

CXLI

-Yo no soy comunista – dijo Patricia con cara seria.

Álvaro Báez se sentía confundido.

-¿Y por qué los defendés tanto? 

-Las cosas no son blancas ni negras, tienen grises. 

-¿A qué te referís?

-Nada es todo malo y nada es todo bueno.

Álvaro la miraba con cara de desconcierto.

-Quiero decir – prosiguió ella – que en lo malo hay cosas buenas y que en lo bueno hay cosas malas. Entre un extremo u otro hay tantas alternativas, puntos de vista, hay que ceder… hay que tolerar… 

- ¿Me estás llamando intolerante? – repuso Álvaro, molesto.

-¿Ves? Ya asumiste algo que yo no dije, eso sucede porque los humanos nos creemos el ombligo del mundo y cada vez que alguien dice algo creen que es por ellos. Yo te dije que las personas, y cuando me refiero a “las personas” estoy haciendo un juicio de carácter general, tienden a ser intolerantes. 

-Me confundís, no me vengas con dilemas filosóficos, no seas rebuscada, hablame en criollo, en simple. ¿Creés que todos entendemos a la filosofía? ¿Qué nos gusta? A mí me pudre. 

-Bueno, cambiemos de tema. Me contaste tu historia, me contaste de tu padre, ¿te molestaría si te cuento del mío y de mi historia?

-No, perdoname… soy una bestia… contame por favor.

-Mi padre me daba todos los gustos, fui una niña muy mimada. 

-¿Tu madre? 

-Murió.

-¡Lo siento mucho!

-No te preocupes, no la conocí.

-¿Cómo es eso? 

-Murió en el parto, cuando yo nací. 

-¿Y tu padre no volvió a casarse?

-No, mi padre nunca tuvo interés en casarse. Estaba dedicado por completo a mí y a su trabajo.

-Tuviste suerte.

-¿Por qué lo decís?

-Porque me hubiera gustado tener una relación más íntima con mi padre, pero él nunca tenía tiempo, ojo que yo no lo culpo. Su trabajo no le dejaba tiempo para nada, lo llamaban a cualquier hora, él corría riesgo de vida en todo momento, y me imagino que eso hizo que no le diera el tiempo para mí, pero como te dije antes, no era culpa suya. 

-Cada día que yo llegaba de la escuela, mi padre me decía “Mi hermosa princesa de ojos azules” y me sentaba en las rodillas. 

-Tenés unos ojos preciosos.

-Vos también.

-Gracias por el cumplido.

-Dicen que heredé los ojos de mi madre. 

-¿No tenés fotos?

-Claro que tengo. – acto seguido Patricia buscó una foto dentro de su billetera, una foto que ella le había pedido a Esther Trías. La encontró y se la alcanzó a Álvaro.

-Era rubia… sos vos pero rubia… 

Patricia constataba cada vez más que Álvaro efectivamente era el hijo de Tania y de Istvan, había heredado los ojos, era rubio… 

-Mi padre – quiso seguir con aquel tema Patricia- me dejaba entrar en su despacho todas las tardes a pesar de que siempre estaba con gente.

-¿De qué trabajaba?

-Logística.

-¿Logística?

-Asesor de logística del Plan Cóndor. 

-¿Es militar?

-Sí.

-Qué bestia, yo te pregunté si eras comunista. Venimos del mismo lado.

-Sí, venimos del mismo lado – dijo Patricia. – Exactamente del mismo lado.

-No entiendo porqué te simpatizan los comunistas.

-Dejame seguir, por favor. 

-Claro.

-Un día mi mejor amiga me preguntó que iba a votar mi padre.

-¿Votar en qué sentido?

-El voto verde y el voto amarillo.

-¡Ah, ese! Los muy sinvergüenzas no querían aceptar la amnistía. Con todo lo que asesinaron los tupa… Todavía que los salvaban de la cárcel no querían aceptar… es insólito.

-Tu padre votó amarillo, ¿verdad?

-Claro, me imagino que el tuyo también.

-Sí, mi padre votó amarillo. El día que mi amiga me habló del voto, cuando llegué a mi casa le pregunté a mi padre qué era votar. Mi padre quiso saber porqué yo le preguntaba eso, y le dije que en la escuela todos hablaban del tema. Entonces me dijo que votar era una forma de arreglar las cosas. Yo le pregunté qué cosas había que arreglar. Me dijo que la escuela podría cerrar y que esa era una cosa que había que arreglar. Me explicó que cuando yo nací en este país había una guerra. Yo le pregunté contra qué país estábamos en guerra. Me dijo que no era una guerra con otro país, que era una guerra en nuestro país porque había personas que mataban porque eran ladrones y querían tener dinero. Pero que la policía los había puesto presos a todos y que algunos querían que esos ladrones salieran de la cárcel, por eso querían votar. 

-¡Qué buena onda tu viejo! A mí en casa no me explicaban nada.

-¿Y tu madre?

-A mi madre jamás le interesó la política. Ella atendía un quiosco.

-Yo le pregunté cómo se podía arreglar que los ladrones no salieran de la cárcel votando y me dijo que había que elegir entre dos colores, el verde y el amarillo. El amarillo era para que los que mataban no pudieran seguir matando y el verde era para que los que mataban pudieran salir de la cárcel y volver a matar. Me dijo que les dijera a todos mis amiguitos que había que votar amarillo. Al otro día cuando llegué a la escuela les dije lo que mi padre me había mandado, y mi amiga, que se llamaba Orieta Medina me dijo que el padre también iba a votar amarillo. A partir de ese día, en el recreo cantábamos “Los papás que votan verde van a ir a la cárcel”. Y el día que ganó el amarillo bailábamos todas cantando “El que votó verde es un ladrón”. 

-Me gusta cómo era tu padre contigo. – dijo Álvaro. 

-Cuando cumplí dieciséis años me llamaron a un casting. Primero mi padre no quería saber de nada pero al final le insistí tanto que me dejó ir. Era para un reclame. Quedé seleccionada. Entonces me di cuenta. Yo quería estar en las tapas de las revistas y quería desfilar y le dije a mi padre que quería estudiar para ser modelo. Fui a varias entrevistas en una escuela que mi padre me había propuesto. Yo tenía las medidas proporcionadas y rasgos lindos.

-Los tenías y los tenés – afirmó Álvaro.

-Tenía el pelo cuidado y natural, no tenía ni claritos ni mechitas. También dijeron que yo tenía buen cutis. Antes había ido a un fotógrafo amigo de papá que me había hecho un Book. Les encantó y me aceptaron.  

-¿O sea que sos modelo?

-Era. 

-¿Cómo? Si era tu sueño, ¿por qué lo dejaste?

-Salí de la escuela y me iba muy bien como modelo publicitaria. Pero todo terminó cuando conocí a Gustavo. 

-¿Tu novio?

-Mi marido.

-¿Estás casada?

-Sí. 

-No te hacía ese tipo de mujer.

-¿Qué tipo de mujer?

-Una mujer que cede a los deseos de los demás.

-Ya no soy esa mujer. 

-¿Qué pasó? 

-Gustavo me dijo que quería que fuera su novia. Mi padre estaba tan feliz… 

-¿Y vos?

-Apenas me puse de novia con Gustavo él me empezó a hacer problema con mi carrera. Decía que mi trabajo era de puta. Y me prohibió continuar. 

-¡Ese hombre no te merece!

-Por supuesto que no me merece. 

martes, 3 de junio de 2014

CXL

Desde el vamos, a Álvaro le había caído bien Patricia. Istvan les había asignado como tarea previa la lectura de información en conjunto, con el cometido que fueran analizando y tomando posturas ante los textos:

-Como les iba diciendo, estuve analizando la metodología de trabajo y quiero que todas las tareas las hagan en equipo. Pero antes de sumergirnos en el trabajo de análisis del género propiamente dicho, necesitan estar informados acerca de sus raíces, por lo tanto, van a leer en conjunto algún material que seleccioné y a medida que vayan avanzando en la lectura, necesito que intercambien opiniones, que las anoten, que dejen sentado su punto de vista, qué les va llegando de la lectura, qué les va molestando, ¿se entiende?

-Sí, más claro echale agua – repuso Báez a modo de ironía. 

-Comprendido – acotó Patricia.

-Se van a basar en el libro “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll. 

-¿Qué tiene que ver un libro para niños con esto? – se molestó Álvaro.

-A mi me lo regalaron cuando era chica – dijo Patricia. 

-Sé que ahora no les cuadra el porqué de la elección del libro de Alicia, pero tengan paciencia, ya verán que todas las actividades de los equipos fueron planificadas con estimativos de fechas, e incluso diagramas de Gantt. 

-¿No va a venir un conejo blanco para que lo sigamos; no? – siguió mofándose Álvaro.

-No estaría mal seguirlo por el túnel – dijo Patricia.

-De túneles vamos a hablar más adelante,  vamos a empezar con algo de rock progresivo, ¿estás de acuerdo?  – dijo Istvan, clavándole la mirada a Álvaro.

-Claro, es rock.

-Muy bien. 

Patricia permaneció en silencio.

-Vamos a empezar con Charly García. Les voy a dejar la letra de una canción suya, y ustedes tendrán que interpretarla, y quiero que vayan haciendo anotaciones. 

-¿Qué canción? – preguntó Álvaro.

-"Canción de Alicia en el país" – dijo Istvan.

-¿Canción de Alicia en el país? No la conozco. ¿Esa canción es de Charly?

-La letra la escribió Charly pero fue interpretada también por el grupo “Serú Girán”, la canción fue compuesta en el año 1980 – dijo Istvan y mentalmente completó la frase: “Cuando la Argentina atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia, la dictadura.”

-Siempre se aprende algo nuevo – respondió Álvaro. 

-Es puro rock, te va a gustar – insinuó Istvan.

-Todo lo que sea rock no solo que me gusta… ¡me apasiona! –exclamó Álvaro.

-Me alegro entonces, porque hoy la vas a pasar bien – dijo Istvan mientras les dejaba una copia de la letra de “Canción de Alicia en el país” sobre la mesa de trabajo y acto seguido se retiró. 

-Mirá lo que encontré en Google – dijo Patricia.

Ambos habían estado de acuerdo acerca de buscar información del grupo, para poder entender lo más correctamente posible el mensaje de la canción y así poder realizar un trabajo de calidad. 

-¿Qué es?

-Te leo en voz alta.

-Dale.

-“Canción de Alicia en el País” es una canción de Charly García, interpretada por Serú Giran compuesta en el año 1980 cuando la Argentina atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia, la última dictadura militar. La canción de rock argentino hace referencia a la última dictadura militar, originalmente compuesta para una obra de teatro, luego reformada con la intención de reflejar la realidad vivida en los 70. El autor apeló a evitar que su tema sea censurado por el gobierno de facto de la época trazando metáforas con el cuento de Alicia en el país de las maravillas.

Álvaro había puesto mala cara.

-¿Te pasa algo? – preguntó Patricia.

- ¿Sabés? Estoy hasta la coronilla de que la dictadura esto, que la dictadura aquello, me irrita mucho.

-Pero es algo que pasó – le dijo Patricia.

-Si es porque pasó, ¡pasaron tantas otras cosas! 

-Pero la dictadura es parte de nuestras raíces, es parte de nuestra historia.

-¿Ah, sí? Entonces tendría que ser parte de “nuestra historia”, como vos decís, la muerte de mi viejo, que murió cumpliendo con su deber.

-¿Cómo murió? – preguntó Patricia.

-Mirá, mi viejo era policía. Un día lo llamaron para cubrir un asalto, y los delincuentes opusieron resistencia. Mi padre les decía que quedarían detenidos, que subieran las manos, entonces uno de esos tipos le disparó al corazón. Muró en el acto. 

-Lo lamento mucho – dijo Patricia sin saber muy bien cómo seguir. 

-Estoy harto que se hable de la dictadura, estoy harto que se ningunee a los militares y a los policías, gracias a mi padre recibí una educación digna, jamás pasamos penurias, murió del modo más injusto y… ¿alguien sabe quién fue mi padre? ¿Alguien hace algo para matar a todos los chorros que andan sueltos?  ¡Nadie sabe el nombre de mi padre! ¿Por qué todos los días tengo que oír los nombres de los subversivos que murieron y nadie dice nada de mi padre y todos los que murieron defendiendo el país? 

-Yo te entiendo – dijo Patricia – lo de tu padre también debería de ser recordado, pero eso no quiere decir que haya que dejar de lado lo demás. 

-¿Vos sos comunista? – dijo Álvaro.

A Patricia casi se le escapa una risa sarcástica. ¿Cómo haría para “dar vuelta el juego”? Álvaro Báez era un  hueso difícil de roer. 

Pero ella lo haría. Ya encontraría el modo. Lo haría por ella, lo haría por su madre, lo haría por su padre y lo haría por su abuela. 

Aunque le fuera la vida en eso, Patricia no pararía hasta que Álvaro Báez estuviera de su lado. 

viernes, 16 de mayo de 2014

CXXXIX

Estrategia. Todo se trataba de una cuestión de estrategia. 

Istvan tenía grabado a fuego el día en que Patricia lo había ido a ver y le había hecho la revelación. 

¿Istvan?” – le había preguntado ella.

Tus ojos”- le había dicho él.

¿Qué tienen mis ojos?

Son iguales a los de/” – y no había podido continuar la frase. 

A los de mi madre” – lo había hecho ella por él. “Vengo de parte de Esther Trías” 

“¿Cómo se llama tu padre?

Oyarvide. Esther tenía una hija. Se llamaba Tania. Yo soy hija de Tania… Mi padre, Oyarvide, violó a mi madre, y por eso nací yo. Esther dice que tengo un hermano; Gabriel. Quiero que me ayudes a encontrar a mi hermano.

Por supuesto que lo vamos a encontrar. Te lo juro Patricia. Te lo juro.

Los pondría a trabajar juntos. Dejaría que la relación entre ellos fuese fluyendo de modo natural. Le había provocado una inmensa ira lo que habían hecho de Patricia Oyarvide y el crápula de su marido, el tal Gustavo. No sólo había querido establecer un contacto con ella con el cometido de encontrar a su hermano Gabriel, quería mucho más. Quería compensarla por las atrocidades que le habían hecho vivir aquellos desgraciados. Istvan sentía algo parecido a una señal que el destino le presentaba, como diciéndole “Es el momento de que contribuyas con tu parte con la causa”, en aquel breve lapso de tiempo se había gestado en él un amor por Patricia, era como si fuera su propia hija, era hija de ella, de Tania… Quería ser el padre que ella hubiera merecido, quería borrarle todas las huellas de sufrimiento proporcionadas por Oyarvide. 

Por eso entre las tantas cosas que Istvan había pensado para ella, quería que tomara contacto con la empresa, de pronto su interés por el negocio había dado un giro radical, y aquel era el ámbito para contribuir con la causa… la causa por la cual Tania y un sinfín de compañeros más habían dado la vida. 

Álvaro Báez se detuvo frente al imponente edificio de oficinas de “International Book Enterprise Holding”.

Atravesó la puerta giratoria y en el mostrador de recepción la mujer esbelta que oficiaba de recepcionista, rubia y de pelo lacio, lo paró en seco. 

-Buenos días, ¿en qué lo puedo ayudar?

-¿Istvan Gelb?

-¿Su nombre?

-Báez. Álvaro Báez.

-Acompáñeme por favor – dijo la rubia a Báez señalándole los ascensores. Marcó el número doce y  el ascensor comenzó a elevarse. 

El aparato llegó a destino y se detuvo. 

-Por aquí- indicó la rubia y Báez la siguió. Se paró ante una puerta y golpeó. 

-Adelante. 

-Álvaro, te presento a Patricia - lo recibió Istvan.

-Encantado- dijo Báez y miró a la muchacha. 

-Como ya hablé con cada uno de ustedes, la editorial quiere lanzar una colección sobre música contemporánea uruguaya. Estuve analizando la metodología de trabajo y decidí que el equipo será divido en sub equipos de dos o tres personas. 

-¿Qué otras bandas van a estar en la colección?- preguntó Álvaro.

-Los Estómagos, Los Tontos, Los Traidores, entre tantos otros para rock…

-¿No me había dicho que sería sólo de rock la colección?

-Esa era la idea inicial pero después nuestro staff analizó los números y  nos conviene incluir otros géneros también.  Ustedes dos se van a ocupar de todo lo que tenga que ver con el  rock. La primera tarea que harán será ver las películas de “Montevideo Rock” 1986, 1987 y 1988 en la sala de proyecciones. 

-¿Tiene las películas? ¡No lo puedo creer! – dijo Báez.

Patricia estaba callada. ¿Qué le diría a su nuevo compañero de trabajo? 

¿Papi?

Mi hermosa princesa de ojos azules.

Papi, hoy Martín tenía en el walk-man un casette con una música que me daban un montón de  ganas de saltar y… ¡me lo prestó!

Oyarvide había fruncido el ceño.

Pero princesita mía, si a ti te gusta saltar con los Menudo su-be-tea-mi-mo-to

Papi, con la música de Martín ¡salto hasta el cielo! Los varones van a ir al festival…

¿Qué festival, mi princesa?

¡El de rock papi!

Princesita, esa es música de varones… las niñas tan lindas como tú escuchan a los Menudo porque les cantan, los que cantan rock no le cantan a las niñas, le cantan a los varones… el rock no es una música para princesas…

Istvan le había pedido a Patricia ser parte de un equipo para lanzar una colección sobre bandas de rock uruguayas. 

Pero yo nunca oí rock. Istvan, en mi casa no me dejaban…” 

No te preocupes, siempre hay una primera vez para todo, yo te voy a ayudar” 

Ella había aceptado:” No sé como agradecerte, el trabajo me ayudará a estar ocupada, me ayudará a no pensar”.

Estrategia. Todo se trataba de una cuestión de estrategia.

miércoles, 14 de mayo de 2014

CXXXVIII

Allí estaba el talón de Aquiles de Álvaro Báez.  “La música de Viglietti me asquea”; había dicho.  Istvan le había abierto una puerta: “Si querés, contame”.

-Es música subversiva. 

-Entiendo… - Eso quería Istvan. Entender. Quería saber de pronto tantas cosas de Álvaro... ¿Cómo había crecido? ¿Cómo lo habían educado? ¿Qué valores le habían inculcado? Tenía que preguntar sólo lo justo y necesario si pretendía ahondar el contacto con ese hijo que Tania le había dado, ese hijo que era su modo de trascender, su prolongación, una extensión de sí mismo… 

- Los militares fueron asesinados por terroristas tupamaros, esos mismos que ahora nos gobiernan.  Son unos asesinos. Fíjese que los chorros ahora son unos “pobrecitos”, les dan guita … fenómeno… a esos mismos que encañonaron a la vieja.

-¿Qué pasó?

-No fue la única vez que nos quisieron robar, pero de eso no me voy a olvidar nunca. Fue hace unos años, pero para mí fue ayer. La vieja estaba en la caja registradora, yo la estaba ayudando a acomodar mercadería en los estantes y de repente, entró un tipo y le pidió cigarrillos. Cuando la vieja se dio vuelta había dos encapuchados, con medias en la cara y gritaban como locos “¡Dame la guita!” Estaban como sacados, diga que la vieja no mostró nervios y les dio todo lo que había en la caja. Entonces se tomaron los vientos. Cuando yo era chico uno podía salir a la calle tranquilo, ahora no sabés si te van a boletear…

-Te entiendo – Istvan sospechaba que Álvaro tuviera ese tipo de ideas, pero del dicho al hecho hay un gran trecho. Le dolía en el alma ese lavado de cerebro que habían hecho los milicos no sólo con Álvaro sino con miles de personas; Álvaro, que había nacido en cautiverio, Álvaro cuya madre había sido torturada por esos criminales a quienes él ahora defendía, debía de controlarse y no manifestar ningún tipo de emoción si quería lograr algún tipo de acercamiento o vínculo con su hijo. 

-No tiene vergüenza…

-¿Quién?

-Daniel Viglietti. “A desalambrar, a desalambrar que la tierra es nuestra es tuya y de aquel de Pedro y María, de Juan y José.” ¿Cómo que la tierra es nuestra tuya y de aquel y de Pedro y de María y José? Vea el concepto del “pobrecito”. Y pensar que todos le cantan a esos “pobrecitos” que andan robando porque son una manga de vagos y no se rompen el lomo todos los días. 

La mano venía muy complicada. 

-Te entiendo- mintió Istvan.

-Usted me cae bien, es dueño de un imperio y lo hizo trabajando, a usted nadie le regaló nada.

Usted me cae bien, es dueño de un imperio y lo hizo trabajando, a usted nadie le regaló nada” “Usted me cae bien, es dueño de un imperio y lo hizo trabajando, a usted nadie le regaló nada

Qué tortura. Los recuerdos volvían. Istvan no había querido pensar, no había querido mirar el pasado, y ahora se le imponía, del peor modo, de la peor forma… él imperialista… si Tania se levantara de su tumba lo repudiaría, moriría de dolor y de vergüenza…  De pronto veía todo claro. Debía entrar en Álvaro. Por todos. Por Tania, por Esther, por Patricia, una hermana que aún Álvaro no conocía, por el desgraciado de Oyarvide, por la búsqueda de la verdad, por la memoria, por la justicia. 

-¿Quiere un café?

Istvan asintió. El ambiente se estaba distendiendo y eso era lo que él precisamente necesitaba. 

-Contame de vos. – lanzó.

-Y… la verdad es que no tengo mucho que contarle. Laburo en el quiosco, usted sabe, todos los días son iguales…

-¿Te hubiera gustado hacer otra cosa? Te lo pregunto porque veo que la música es uno de tus intereses…

-Alguno que otro acorde en la guitarra toco…

-Eso está muy bien. ¿Aprendiste solo?

-Tenía un amigo en el barrio que era un grosso. Imagínese… hacía a la guitarra de goma… yo le pegaba alguna nota…

-¿Extrañás esos tiempos?

-Y… la máquina del tiempo todavía no la inventaron…

-¿Te gustaría viajar en el tiempo?

-¿A quién no le gustaría? ¡Me encantaría!

-¿Te gusta la ciencia ficción?

- Creo que si…

-¿Creés?

-Yo veía “Buck Rogers en el siglo XXV”, ¡era mi favorita! Cuando volvía de la escuela, tomaba la leche y miraba la tele, en blanco y negro… no es como ahora que en todo el día no pasan nada decente, antes la tele empezaba a las 18 pero ¡qué programas! 

- ¿Leés?

- Le confieso que no leo nada de nada.

-¿No te gusta leer?

-No es que no me guste, no me copa, qué se yo…

-Capaz si leés te gusta…

-Puede ser…

-Algo me gustaría que leyeras, no te olvides que vas a ser parte de un grupo que va a escribir un libro.

-Claro, tiene razón.

-¿Oíste hablar de Bradbury?

-No.

-Es un escritor de ciencia ficción. Quiero que leas “Fahrenheit 451”, el tema te va a gustar, y me gustaría que te vayas familiarizando con la lectura.

-Ud. manda…

-No me gustaría que me vieras así.

-Bueno, es una forma de decir… 

-Digamos que yo te propuse un empleo. Además, vas a trabajar con un grupo de personas, van a ser compañeros de equipo…

-Claro.

-Mi editorial te va hacer llegar el libro, entre hoy y mañana. 

-¡Me lo voy a aprender de memoria!

-No, no quiero que memorices…

-Era una manera de decir… a veces la maestra preguntaba si habíamos estudiado y yo le decía: “¡Sí señorita, me lo sé de memoria!” Ya va a ver, en tres días me leo todo el libro…

-No, no quiero que te apures, mejor tengo una idea, vamos a hacerlo en la oficina, así te vas familiarizando con el personal, te espero el próximo lunes.

-Perfecto.

El primer paso estaba dado. 
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